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La brisa empezó a soplar...

La brisa empezó a soplar en ese instante y ella se estremeció a pesar de tenerla abrazada. La condujo de nuevo al interior del templo. Por un instante pensó en sus antepasados a los que estaba dedicado el altar. 
Se sentó en el suelo, apoyado en la pared. Ella lo observaba con una mirada triste. Tiró de su mano con suavidad. Despacio y con cierta renuencia, terminó por agacharse junto a él.
La hizo acomodarse en el hueco de sus piernas. 
—¿Quieres que te cuente una historia? —Marta no contestó y él volvió a abrazarla. En la penumbra de las velas, comenzó: —Hace muchísimo tiempo, cuando los dioses y los espíritus erraban al otro lado del mundo, nació el príncipe Lac Long Quan, el Rey Dragón. De ascendencia divina, reinaba en el reino de las aguas. —Su voz consiguió que Marta se relajara y se apoyara en su pecho—. Un día que volvía de una de sus múltiples aventuras, se encontró en el camino a una joven de belleza sobrenatural. Era un hada de las montañas; se llamaba Au Co. Se prendaron uno del otro inmediatamente y, transportados por su amor, se unieron y se instalaron en el reino del hada. Su felicidad era inmensa y la llegada de los hijos completó su vida.
»Pero Lac Long Quan no olvidaba que su alma pertenecía a otro reino y, con frecuencia, se perdía en lejanas ensoñaciones que le conducían a su océano querido. Allí estaba su naturaleza profunda contra la cual no podía rebelarse.
»Con gran dolor de su corazón, tuvo que volver al mar. Antes de partir le dijo a su mujer: Soy un Señor Dragón y tú un Hada inmortal. Yo vivo en las aguas y tú en la tierra. No pertenecemos al mismo universo. Tengo que dejarte a pesar de mi amor por ti y del afecto que siento hacia nuestros hijos.
»El Señor Dragón y el Hada inmortal se pusieron de acuerdo en esto: cada uno se llevaría la mitad de los hijos. Se repartirían de ese modo el territorio. 
»Así lo hicieron. Todos crecieron sanos y fuertes, convirtiéndose en hermosos jóvenes, habitantes de cimas y riberas, de los montes y llanuras. Fundaron juntos el hermoso reino de Van Lang y se convirtieron en reyes y príncipes.
»¿Sabes lo que más me gusta de esta leyenda? —Marta no contestó. Su respiración se había relajado y se había dormido. Dan le acarició el pelo y se lo besó antes de continuar—. Lo que le dijo el Rey Dragón al Hada Inmortal cuando se separaron: No me olvides jamás. Si cualquiera de los dos tiene problemas, el otro irá a ayudarlo sin tardar.
A Dan le habría gustado decir las últimas frases con la misma tranquilidad que había impreso en el relato, sin embargo, la pesadumbre que sentía las tiñó de negro.
Pasó mucho tiempo antes de moverse. Se quedó allí, saboreando la ventura de tenerla entre los brazos, hasta que las llamas de las velas se consumieron y las sombras de la noche se cernieron sobre ellos.

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