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Pasos que seguí con el relato "Los pasos siguientes"


Cuando la semana pasada preparaba mi participación para la presentación de la antología de cuentos “Ese amor que nos lleva”, en el que se incluye mi relato “Los pasos siguientes”, recordé el proceso que me había llevado a escribirlo.

Todo surgió como un ejercicio para un curso de Escritura Creativa en el que estaba apuntada.

El trabajo era el siguiente:  cada uno de nosotros teníamos que describir lo que le sucede a nuestro personaje durante veinticuatro horas.

Y las condiciones que había que cumplir eran:

—La persona tenía que ser real, el personaje no.

Es decir, teníamos que elegir a una persona desconocida que veíamos muy a menudo en la calle e inventarnos su familia, trabajo, amigos, lo que le movía, lo que le conmovía, los libros que leía, las películas que veía. Teníamos que inventarnos su vida.

—Todos los personajes tenían que pasar por el mismo lugar, el mismo día.

La fecha elegida fue desde las 9 de la mañana del viernes25 de febrero hasta las 9 de la mañana del sábado 26 de febrero.

Y el lugar, la chocolatería de San Ginés, un lugar muy conocido entre los habitantes y visitantes de Madrid puesto que, a principios del siglo XX, fue frecuentado por muchos intelectuales, como Unamuno o Valle-Inclán.

—Teníamos que hacer coincidir a los personajes entre sí.

No en el mismo lugar, no en el mismo momento, con unos había que hablar y con otros no.


Así que me puse manos a la obra.

Elegí a un padre del colegio de mis hijas que me llamaba la atención desde hacía años porque siempre va en bicicleta.

No me preguntéis cómo se llama en realidad, no tengo ni idea. Él ni siquiera sabrá que existo, aunque cada vez que lo veo me dan ganas de pararle y contarle que es el protagonista de uno de mis relatos. Igual alguna vez me animo y lo hago.

Decidí que se llamaba Philippe, que era belga, hijo de padres emigrantes y que estaba casado y con dos hijos adolescentes.

Para trabajar su personalidad, la profesora nos hizo escribir varios relatos enfrentando al personaje con distintas situaciones.

Después, empezó el trabajo de hacer coincidir a los personajes. Entre todos los del curso, yo elegí a los siguientes.

  • Pablo, es un compañero de Philippe. Ambos trabajan en una empresa de tecnología, pero están deseando marcharse de ella.

  • También está (perdonad que no me acuerde del nombre, en el relato no aparece) un hombre joven, deforme, que siempre ha vivido en una residencia de monjas, que reparte un periódico gratuito, y cuyo anhelo más íntimo es tener una bici nueva y que una mujer, a la que ve todos los días, se fije en él.

  • Miguel, es un jubilado culto, solitario y soltero por vocación.

  • Toñi, es una señora de su casa, dedicada exclusivamente a su marido (el cual, por cierto, no le hace mucho caso) y entre cuyas preocupaciones principales se encuentra la fecha de caducidad de los yogures.
  • Además, también aparece un inmigrante subsahariano, que arregla máquinas de frío, y una cincuentona que se quedó atascada en la década de los ochenta.

Como Philippe habla con cuatro personas distintas, los diálogos los ideé junto con los autores de los personajes.

Podría decir que los correos que compartí con Cristina, las cañas que tomé con Flor y con Gema y los ratos con Begoña en el banco del polideportivo del barrio, mientras nuestras hijas estaban en la piscina, fueron lo mejor del curso.

Y una vez que esto estaba hecho, le di forma a todo y me inventé los pensamientos de Phillippe, sus alegrías y sus desgracias.

Si alguien lee el relato, recordad que el mérito no es solo mío, también de Cristina, de Javier, de Flor, de Gema, de Begoña y de Elisa por crear esos personajes que tanto influyeron en el mío.

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